El Jueves de Comadres, el rescate de una gran tradición

El Jueves de Comadres en Tarija es una institución”, asegura Claudia Díaz cuando recuerda los hermosos momentos que pasó en su tierra chapaca en días como éste. “Siempre ves a los hombres ese día pechar carritos de wawas por la plaza y mujeres hermosas re contra arregladas con la canasta bajo el brazo, hay muchas bromas al respecto y eso es lo lindo de mi pago”, asegura.

Claudia hace dos años vive en Salta debido a dolencias médicas que necesitan un control mensual, empero en un día como éste lo último que quiere es hablar de eso y más bien cuenta que su rutina era levantarse a las seis de la mañana, peinarse las típicas trenzas, agarrar su canasta de comadres ya preparada un día antes y buscar a la amiga con quien quería consolidar sus lazos de amistad.
“Sucede que tengo un grupo de 20 amigas, muy buenas amigas y me propuse hacer comadre cada año a una, llegué a hacer a siete de ellas, luego tuve que venirme”, recuerda con nostalgia mientras de inmediato agrega que una vez ya hecha la entrega de la canasta se dirigían a la plaza Luis de Fuentes y así iniciaba el festejo, alguna vez continuaban la celebración en una de las casas de sus amigas pero la mayoría de las ocasiones optaban por asistir a una fiesta que se organizan para estas fechas.
Hoy lejos de su pago dice que extraña tanto esta tradición que ha convencido a sus amigas más cercanas de Argentina de hacer una pequeña celebración y es ella quien la organiza y así también promueve la cultura chapaca.
Pero más allá de las vivencias de Claudia, el Jueves de Comadres tiene muchas promotoras e impulsoras desde sus inicios. Hubo años en los que esta tradición se iba perdiendo de a poco.

El rescate de la tradición 
A pesar de que no existen crónicas y testimonios escritos sobre la Fiesta de ” Las Comadres”, salvo pocos trabajos de investigación, se puede asegurar que ésta se mantuvo gracias a la tradición oral que de madres y padres a hijos fue transmitida y que permitió que permaneciera viva, especialmente en el área rural del valle y, en la Ciudad de Tarija, donde su celebración -en un pasado lejano- estuvo circunscrita al vecindario de la periferia donde fue popular y tradicional. Posteriormente, a partir de 1983 la Fiesta tomaría carta de ciudadanía general, aspecto que hoy la enaltece.
La comadre pionera en Tarija, Carmen Julia Vargas Flores, comenta que la primera reunión fue en la casa de la familia Esper en el barrio El Molino, donde un grupo de amigas decidieron recuperar la tradición que estaba quedando en la historia.
Al festejo se invitaba a participar a todas las mujeres de El Molino, también a aquellas que por diferentes circunstancias habían ido a vivir a otros lugares, “se invitaba a amigas de otros barrios y de esa forma la fiesta se fue haciendo más comunitaria. De esta primera fiesta, hace más de 30 años, el festejo de las comadres se popularizó en Tarija”, explica Vargas.
La organización de las comadres pioneras incluía ciertas reglas, una de ellas era nombrar a un compadre. Sólo un hombre era recibido a compartir en la fiesta. El compadre elegido para participar de la fiesta de las comadres molineñas debía ser el más apreciado. 
Necesariamente tenía que pertenecer al barrio y no importaba si era rico o pobre, el requisito era el aprecio y ser un amigo querido al que se le entregaba una torta muy grande y se le permitía participar del festejo de las mujeres.
“De esta manera, cada año los hombres del barrio se portaban bien porque querían ser nombrados compadres”, cuenta y añade que también se pensó en el uniforme, el primero fue un pañuelo, luego el atuendo se acordaba previamente, se trataba de mandiles, chalecos y playeras de color rojo o azul; que casi siempre eran donadas por los compadres designados. 
Otra de las reglas era la de “canilla libre”, es decir que no se cobraba como hoy por una cerveza; el bar era libre, “siempre y cuando se acogieran a la norma principal y más importante que era la de tener un buen entrenamiento; pues no se deseaba ver a ninguna persona mareada”, a tal grado que en una ocasión vetaron de por vida a una comadre que se había portado mal. Ante tal antecedente todas acataban las reglas establecidas.
El intercambio de torta era una condición infaltable, “situación que hoy ya no parece ser un requisito en ninguna fiesta actual”, lamenta la comadre pionera que tan aguerridamente se acoge a la tradición y preservación de esta costumbre. “Así se fue haciendo grande y linda nuestra fiesta”, afirma Carmen Julia, emocionada por los gratos recuerdos. 
Cinco años después de ese primer encuentro de sólo mujeres, las fiestas de las comadres comenzaron a popularizarse y cada barrio realizaba su propio encuentro, para luego salir a bailar a la plaza principal, siempre guiadas por las comadres de El Molino por consideración y respeto al estatus de pioneras.

La fiesta se populariza
Muchas mujeres se aprestan a celebrar hoy la fiesta de comadres, una tradición originada en Tarija que, en los últimos años, se ha extendido a otras regiones del país. En La Paz, la oferta de festejos en discotecas y otro tipo de locales es amplia. 
A partir de la década de 1980, la celebración de “Compradres y Comadres” comenzó a extenderse desde Tarija a otros departamentos y ciudades de Bolivia. Es evidente que principalmente las “comadres” se han apropiado del jueves previo al Carnaval. 
El antropólogo Milton Eyzaguirre indicó que durante décadas la celebración en territorio paceño era impulsada por los residentes chapacos, potosinos o chuquisaqueños. “Es algo que mucha gente conoció recientemente”, agregó el experto del Museo Nacional de Etnografía y Folklore.
Para el historiador Fernando Cajías, el reciente interés por esta festividad es, simplemente, el resurgimiento de una costumbre que, durante la época colonial, formaba parte de la agenda carnavalera.
Más todavía, este investigador confirmó que el Jueves de Comadres tiene sus orígenes en España, concretamente en la región de Asturias, en la costa septentrional de ese país.
Los colonizadores trajeron la tradición al nuevo mundo, que se extendió por los cuatro puntos cardinales. Su fácil aceptación se explica por la posición de sumisión que la mujer sufría en el pasado y que por un día podía escapar de esta realidad.
Según Cajías, “al igual que casi todas las actividades de los carnavales, el Jueves de Comadres era una de las pocas oportunidades que las mujeres tenían para divertirse sin los límites impuestos por la sociedad de la época, a diferencia de lo que sucedía con los varones”.
A esto se suma el componente religioso, específicamente el compadrazgo, ya que quienes participan de este festejo no sólo son amigas, sino personas que llegan a establecer esta relación, por ejemplo las comadres de bautizo o de primera comunión.
Además está la influencia del calendario agrícola regional y las tradiciones de la temporada. La celebración se realiza en la época de la cosecha, símbolo de la fertilidad y, con ello, el despertar de la libertad sexual de las mujeres solteras.
Pero, advierten los investigadores consultados, esta fecha tiene ritos propios, poco conocidos por los varones porque, generalmente, éstos tienen prohibido el ingreso en estas fiestas.

 

Vivir un Jueves de 
Comadres en Tarija

El Jueves de Comadres se despierta con el sonar de los cohetillos, el olor a albahaca y las risas contagiosas. La ciudad desde tempranas horas es adornada por las mujeres que salen a los mercados para comprarse una canasta y llenarla de elementos decorativos, con la finalidad de profesar su amistad a las amigas más cercanas. Las más previsoras ya han hecho esta tarea un día antes y madrugan donde su comadre. 
Tortas de todos los tamaños son llevadas por las mujeres, percibiéndose en el ambiente un toque festivo, más aún cuando en horas de la noche se realiza la gran Entrada de Comadres en la avenida Integración.
Al principio varios hombres comentan que “las Comadres son lloronas”, esto debido a que el clima siempre indica que va a llover y muchas veces sucede, sin embargo, para las más alegres, esto no es ningún freno.
Por la tarde la actividad se concentra en la Plaza Luis de Fuentes que se llena de mujeres que bailan y disfrutan de su amistad sin limitaciones, bailan música moderna pero también ruedas chapacas, mientras se refrescan tomando cerveza y mojándose entre sí.
Pero más tarde, la avenida Integración cuenta otra historia, cientos de comadres se reúnen vistiendo la ropa típica chapaca. Cada una con su respectivo color en la manta, la blusa y la pollera, acorde a la agrupación a la que pertenecen. Queda claro que los hombres mantienen cierta distancia durante todo el día.
Desde las 21:00, miles de comadres hacen su paso por la Avenida Integración, flameando sus polleras en un corso que parece de nunca acabar. Sus sonrisas evocan los suspiros de muchos, y al culminar el evento, cada agrupación parte a festejar a los domicilios particulares.
Las Comadres de San Roque, las Tijeras, las Pispilas, las Bandeñas, las Tentadoras, y todas las agrupaciones brillan por su belleza. Los festejos se alargan hasta la madrugada del día siguiente.

Fuente: El Pais